¡Mira!

Presta atención a lo que voy a mostrarte

1

Dios amó al mundo

2

El pecado alejó al hombre de Dios

3

Dios envía a Jesús a morir en la Cruz para reconciliarse con el hombre

4

Esto puede ser posible si aceptas a Cristo como tu Señor y Salvador

5

Serás parte de la familia de Dios, siendo llamado "Su Hijo"

6

Es tiempo de decidir

Dibujos bíblicos para colorear

escuela dominical www.cristoyarte.blogspot.comescuela dominical www.cristoyarte.blogspot.com


Quiero traerles en este día un archivo con más de 100 ilustraciones de todo tipo, que podrán utilizar para las clases bíblicas.

Las ilustraciones tienen carácter blanco y negro, es decir que son para colorear, así que pueden descargarlas y copiarlas fácilmente para trabajar las distintas clases.

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Formato comprimido: .Rar




El Señor de nuestros años

Lectura: Salmo 90


devocionales cristo y arte
Cuando la versión reducida del Diccionario Oxford de inglés anunció e el 2006 que la palabra tiempo era el sustantivo usado con mayor frecuencia en el idioma inglés, no pareció sorprender a nadie. Vivimos en un mundo donde las personas están obsesionadas con usar sus días, ahorrar minutos y tratar de encontrarle más horas a cada jornada. Aunque cada uno de nosotros tiene todo el tiempo que existe, muy pocos de nosotros pensamos que tenemos suficiente.

Tal vez esa sea la razón por la que el Salmo 90 es un pasaje tan precioso. Aleja el enfoque de nuestras vidas limitadas por el tiempo trasladándolo hacia nuestro Dios eterno. "Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios" (v.2).

Una estrofa en el famoso himno de Mathew Bridges "A Cristo coronad" dice: "Y bendecid al inmortal por toda la eternidad". El soberano, el monarca ungido con majestad - alguien que no busca ser designado ni ganar unas elecciones.

Dios creó el tiempo. Lo gobierna y va más allá de él. Cuando nos sentimos frustrados por el calendario o atrapados por el reloj, una lectura en silencio del Salmo 90 nos recordará que nuestros días y nuestros años están en manos de nuestro Dios eterno.

Al inclinarnos humildemente ante él, vemos el tiempo desde una nueva perspectiva. 

-DCM

 Debemos tener una precisa perspectiva de la eternidad para conocer el verdadero valor del tiempo.

Fuente: Nuestro Pan Diario 3/06/09

Estamos trabajando en el diseño

Quienes tienen un blog y utilizan aún la interfaz antigua de blogger, habrán notado el aviso que versa sobre el escrtorio, diciendo que la intefaz se retirará en los próximos meses, viéndonos obligados a utilizar la nueva si queremos darle continuidad a nuestro blog.

Pues bien, como no se mucho de la nueva interfaz, me dedique a probarla, y entonces vi cómo, al querer editar la plntilla en su código html, la pantalla quedaba en negro diciéndome que el blog se había inhabilitado.

Busqué por todos lados cuál era la causa, porque el blog seguía en el ciberespacio, así que sospeché que tenía algo que ver con algún script o alguna cosa que yo le hubiese agregado como decoración. Probé cambiar la plantilla y descubrí que tenía razón, esta vez funcionó.

Como la plantilla que había elegido e ra muy simple, estoy en estos momentos en el trabajo de búsqueda de un diseño que se adapte al tema del blog y que además funcione para la nueva interfaz, así que sepan disculpar los cambios de diseño. No tengo otra manera de probar si funciona.

Les pido sepan disculpar si esto causa molestias momentáneas, pero como hay muchas personas que leen este blog, no quiero cerrarlo mientras hago esto, así que es probable que le vean un par de diseños más hasta que mi búsqueda termine.

Calculo que en 24 horas (puede ser un poco más pero no mucho) el problema estará resuelto y tendremos el diseño definitivo del blog.


PARA DARLES UN CONSEJO:
Si ustedes aún no utilizan la nueva interfaz de blogger, es urgente que la prueben y vean si su blog responde a su sistema, ya que todavía pueden cambiar de una intefaz a otra, pero una vez que se retire la antigua, ya no podrán hacerlo y si la plantilla no responde, no habrá manera de cambiarla.







Las Arenas del Alma - Dante Gebel

Capítulo 1 : parte 1

Me lo dicen tus ojos

«Aconteció después de estas cosas...» (Génesis 22:1). Creo que los que crecimos en alguna iglesia y dibujamos garabatos imaginarios con el dedo en algún banco dominical, tuvimos un momento en el que algún predicador nos impactó por primera vez.

Entre las decenas de sermones aburridos y sin sentido, tuvo que haber uno especial, uno que llamara nuestra atención de adolescentes.


Haz un esfuerzo por recordar. Tuvo que haber uno. Yo recuerdo ese momento.

En mis tiempos de juventud no teníamos grandes invitados. El «tráfico de ovejas» era una utopía. Uno podía pasarse toda una vida en el asiento de una con-gregación sin siquiera enterarse de que existían otras iglesias en el resto del planeta. Después de todo, el cielo ya tenía bastante con alistar un buen lugar para los setenta y tres hermanos de la congregación. A quién podía ocurrírsele que el paraíso admitiría extraños de otra denominación?

Pero un buen día, alguien tuvo la descabellada idea de invitar a uno de esos extraños.

Han pasado unos veintidós años y aún me parece verlo llegar. Era extremadamente delgado, y no medía más de un metro cincuenta. Cargaba un maletín negro con ribetes de acero, un trombón y una guitarra criolla.

Llegó con gran parte de su familia y dijo que tenía un mensaje de parte del Señor. Si este hombrecillo que-ría llamar nuestra atención, ya lo había logrado.

Para empezar, la totalidad de los pocos predicado-res que habíamos conocido solo decían algo, sin embar-go, este parecía realmente tener algo que decir.

Pidió estar media hora a solas con Dios antes de exponer su sermón. Y alguno de nuestra congregación le ofreció gentilmente nuestro sótano impregnado de humedad. No me mires así, no existían los camerinos ni las oficinas privadas en el lugar de donde vengo.

Luego de unos monótonos himnos mal entonados por alguien, cuyo nombre evitaré dar por cuestiones obvias, el pequeño hombre subió de las profundidades de nuestro acogedor sótano.

Se notaba que había estado llorando y que sentía una enorme responsabilidad al tener que predicar.
Me lo dicen tus ojos

Fue la primera vez que alguien no estaba interesa-do en llevarnos a la presencia del Señor, sino en bajar al Señor a nosotros. El hombre de cuerpo frágil se paró en el estrado y el silencio fue ensordecedor.

Tal vez se percató de nuestra desmedida expectativa y por ello sonrió y dijo:

-Voy a tocarles tina canción.

Seguidamente entonó el bellísimo himno «Cuán grande es Él» con su trombón a vara.

Confieso que nunca he tenido demasiada noción con respecto a la música, pero aún puedo oírlo tocar. Ese hombre no estaba haciendo música, sencillamente lograba bajar las melodías del cielo a nuestra pequeña y remota congregación. Quieres imaginarte cómo suena la sinfónica en la eternidad? Alguna vez te imaginaste cuál sería la música funcional del Departamento Celestial? Entonces, permítele tocar el trombón a este hombre de dedos frágiles.

La atmósfera de la congregación estaba literalmente electrificada mientras que nuestro extraño invitado recorría la nave principal del templo tocando su trombón a vara. Cuando terminó de ejecutar el último estribillo, el sollozo de la gente invadía el recinto.

Pero todavía no había llegado el momento en que lograría impactarme. El hombre que había emergido del sótano helado guardó el trombón y se colgó la guitarra de su cuello. Recuerdo que dijo algo así:
-Antes de darles el mensaje, solo quiero regalarles una canción más.

Y fue entonces cuando ocurrió.

Tengo algunos años (no demasiados) de oratoria y de pararme ante cientos de oyentes en distintas partes del mundo, todo por la providencia de Dios. Y siempre he aprendido, inclusive al observar a otros oradores, que un conferencista jamás debe mirar individualmente a sus oyentes. Se recomienda que uno ponga la vista en un punto fijo y predique sin mirar a nadie en particular. Que vea, pero que no observe.
¿Qué tal si te distraes de tu propio sermón porque tu mirada tropieza con un bostezo de elefante del caballero sentado en la tercera fila?

~Y qué me dices si en el clímax de tu exposición, la dama del segundo asiento se levanta para ir al baño? ¿O si un niño aburrido decide hacer avioncitos de papel con las hojas del himnario ante la mirada indiferente de sus padres?

Indudablemente, si algún día predicas, no te pon-gas a observar detenidamente al público.

Pero el predicador que acababa de arribar a nuestra iglesia desconocía ese principio, o por lo menos le restaba importancia. Comenzó su canción mirando a cada uno de los setenta y tres hermanos de la iglesia. A todos y a cada uno. Mientras cantaba, se dedicó a escarbar el alma de aque-llos que pretendían pasar desapercibidos un domingo más.

A decir verdad, nunca he podido recordar aquella canción en su totalidad. O para ser más brutalmente honesto, solo recuerdo la primera frase del estribillo, que el hombrecillo repitió hasta el cansancio. Pero esto fue más que suficiente para marcar el resto de mi vida.

—Yo sé que estás en crisis, me lo dicen tus ojos...

Luego, más adelante, la canción decía algo así como que el Señor enjugaría cada lágrima derramada en los desiertos de las crisis. Sin embargo, lo sorprendente fue que miró a cada persona sentada en aquella remota y pequeña iglesia.

Me lo dicen tus ojos

En un instante, giró sobre sus talones y miró a la orquesta. Por aquel entonces, este humilde servidor intentaba tocar la batería en un loable intento de hacer música, o algo parecido. El hombre me observó dete-nidamente, como si pudiese calar en mi alma y desnudar mis pensamientos, en un momento tuve miedo de que lo supiera todo.

Y fue entonces que lo volvió a decir, o a cantar.

—Yo se que estás en crisis, me lo dicen tus ojos.

Todavía no puedo explicar a ciencia cierta qué fue lo que más me impactó. A lo mejor se trató de la melodía. Tal vez fue, como dije, la manera de cantar mirando a cada uno del público. O quizás fue la primera vez que alguien desde el púlpito me observaba de verdad. Por primera vez no era un punto fijo ni parte de una multitud.

Este misterioso hombre se detuvo solo para mirar-me y dedicarme algunos párrafos de su canción. Y por alguna curiosa razón, podía mirarme a los ojos y afirmar que estaba en una prueba.

Se llamaba Luis Tolosa, y se dedicó a desnudar el corazón de la gente antes de partir a morar con el Señor.

Aún lo recuerdo como el hombre que logró verme por primera vez.


Continuará

Convenión G12 en Argentina


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